Trauma en los niños

Existen muchas razones por la cuales un menor puede experimentar un trauma o un impacto psicológico con consecuencias alarmantes. Presenciar actos de violencia domestica, el abuso emocional y psicológico, el abuso sexual, perder un ser querido, ser testigo de un crimen,  o vivir un desastre natural puede causar daños en la mente de un niño y muchas veces va a necesitar ayuda para superar el choque emocional.

Los niños son muy sensibles y luchan desde su mundo para poder comprender el trauma que están viviendo. Las reacciones emocionales son diferentes en cada niño y todos responden de manera distinta al tratamiento o la ayuda que reciben.

Algo que los profesionales de salud mental enfatizan constantemente es que el apoyo psicológico, en estos casos debe de iniciarse en el mismo instante de la escena del evento.

En muchas comunidades, la mayoría de estos casos  son causados por escenas de violencia domestica, donde usualmente el padre es el agresor y los niños son testigos directos de estas atrocidades.

Hay dos tipos de trauma que muchas veces se ven en estos niños: el trauma físico y el mental. El trauma físico consiste en la reacción del cuerpo a las amenazas y heridas graves. Por otro lado, el trauma mental incluye pensamientos aterradores y sentimientos dolorosos. Estos sentimientos son la respuesta de la mente a heridas graves.

Es muy común ver a un menor que ha sido expuesto a una situación traumática  desarrollar comportamientos extremos. También presentan miedos muy intensos, retraimiento, distanciamiento, irritabilidad, agresión, falta de concentración, alteración del sueño y muchas veces cree que el evento va a ocurrir otra vez.

En ocasiones es posible que el niño empiece a actuar como si tuviese menos edad de la que tiene, otros no pueden conciliar el sueño, tienen pesadillas, no desean dormir solos y sienten un miedo inmenso a la oscuridad.

Algunos logran recuperarse en pocas semanas, pero para otros el tratamiento puede tardar varias semanas, meses, o inclusive años. Muchos niños están muy confundidos con lo que ha sucedido y experimentan una mezcla de sentimientos que en la mayoría de las veces son muy difíciles de identificar. Los padres forman parte vital en este proceso y es sumamente importante que al menos uno de ellos participe en el tratamiento.

Ciertos acontecimientos llevan a que un niño se vuelva más vulnerable a tener problemas emocionales. Por ejemplo, el divorcio o la separación de los padres después de meses o años de peleas, abusos, gritos e insultos.

Esto puede causar un miedo muy grande al menor y es posible que necesite la ayuda de un profesional en salud mental. Esto no significa que este “loco” o tenga una “enfermedad mental”, pero es necesario para que el niño pueda entender lo que le está sucediendo y hacer frente a sus sentimientos.

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